Por qué soy anti Facebook

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Parece ser que Facebook hace unas semanas quiso lavar su propia imagen de nuevo.

Sí voy con retraso, pero a veces es necesario tomarse un tiempo. Para poder asimilar y digerir bien las noticias del ciberespacio, que las cosas se decanten por sí mismas, que la gente se exprese en los blogs y en las demás maravillas que nos brinda la Web 2.0, un término tan ambiguo como obsoleto. La web participativa es sinónimo de internet en sí mismo.

La participación de todos a la hora de generar y recrear el ciberespacio, o sea la vida humana en su virtualidad, está a la orden del día. Pero a medida que la vida que antes se vivía en primera persona, pasa a ser mediatizada, también las relaciones humanas progresivamente van adquiriendo un caracter más artificial.

¿Que tendrá de malo el bar? ¿Que tendrá de malo una reunión en casa? ¿Qué tendrá de malo simplemente VERSE LAS CARAS Y COMPARTIR EL ESPACIO VITAL Y LA EXPERIENCIA VITAL?

En este afán por destruir la vida (proponiendo una vida artificial aparentemente democrática y sin contactos verdaderos con la existencia, un puro concepto humano, mental y patéticamente racional), surgen también las trampas de los megapoderosos, esos listillos de los cuales apenas conocemos el rostro. El control, la clasificación y la intrusión en la privacidad están a la orden del día.

El enorme Tom Hodgkingson habla precisamente de esto en su brillante artículo que llegó a publicarse el año pasado en el The Guardian “Con amigos como éstos” de Tom Hodgkingson.

Y en este mismo artículo se exponen las verdades menos conocidas de Facebook, que no solo es la síntesis de la banalización de las relaciones humanas, sino que también es sin duda un gran instrumento de control de masas y de análisis de mercado.

Faltan aproximadamente 10 días para que Facebook saque a la luz sus nuevas Políticas de Privacidad.

¿Qué manejo podemos esperar por parte del Gran Hemano para “proteger” a sus queridas ovejitas?