El problema de la hiperrealidad

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Archivo de octubre, 2009

HiperrealidadNuestra “realidad” (entrecomillada porque primero habría que definir qué entendemos por realidad) ya no basta que sea supuestamente “real”, ahora también se pretende que sea suprarreal e hiperreal, que la misma “realidad” contenga un discurso sobre sí misma (meta-realidad). En definitiva que la realidad esté etiquetada igual que un producto más y así dar paso a la era de la nueva “realidad aumentada”. Tal y como cuando introducimos las etiquetas en las webs con el fin de clasificar sus contenidos, para que a su vez el Gran Hermano Google nos etiquete, nos clasifique, nos ordene, así queremos que sea nuestra realidad para que pueda ser vivida. Hoy en día si la “realidad” no se experimenta como mediatizada parece no existir, no tener valor. Si no se clasifica según el ordenamiento necesariamente insuficiente de lo lógico y de lo racional, parece que no pueda vivirse. Y realmente parece que no puedan vivir los que constantemente mediatizan su vida con Facebook y/o Twitter, haciendo públicas incluso las veces que acuden al inodoro. La neurosis de un constante y obsesivo registro de la realidad, que comenzó quizás con las inocentes fotos de las vacaciones, ha terminado eclosionando en el saturado universo de la toma digital de imágenes que actualmente vivimos, sobretodo en el fenómeno patológico de los fotologs.

“Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción, se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.”

La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967)

Después de la muerte de Dios no se puede esperar otra cosa que la muerte de la realidad. En nuestro afán por definirla, terminamos mediatizándola a tal punto e interviniendo en ella de tal manera, que se termina difuminando el horizonte de la misma. De tanto querer acercarnos a la “realidad” y pretender viviseccionarla mediante el análisis, terminamos separándonos progresivamente de ella.

Aunque lo peor de todo es cuando esta nueva hiperrealidad (ya que la realidad a secas ha dejado de existir) carece de sentido, de valor o de fin último y se precipita hacia lo absurdo de una existencia vacía y carente de sentido.